martes, 18 de diciembre de 2018

Los años

El tiempo es algo aparentemente irreal, pasa sin que lo notemos mas que a través de los cambios en las cosas que nos rodean, y claro, en nosotros mismos. La naturaleza del tiempo es aún desconocida para nosotros, y a pesar de que lo estudiamos para lograr controlarlo, sigue escapando de nuestras manos al intentar tomarlo. Todo ese tiempo se vierte en nuestra vida. 

Hoy tengo 24 años, los cumplí hace poco más de 3 meses; y hoy también es el día que, luego de aproximadamente 9 años, vuelvo a abrir un blog. En ese entonces tenía muchas cosas por decir, la gran mayoría de ellas resultado de la inconformidad, ignorancia y rebeldía de la edad, pero en esta ocasión, aunque tengo también muchas cosas qué decir, es algo totalmente diferente a lo que pude haber dicho en aquel entonces.

Es curioso cómo han cambiado las cosas. Cuando tenía 15 años era un adolescente soñador, nada diferente para la edad, con ganas de ser estrella de rock, hacer arte, protestas, estudiar y viajar. Todo eso fue desapareciendo poco a poco, algunas cosas por la madurez que se puede alcanzar hasta los 24 años, y otras por el simple cambio de intereses que podemos experimentar debido al poco conocimiento que tenemos de nosotros mismos, pero hay algo que ha permanecido desde entonces: la introversión.

En aquellos años tenía amigos, no diría que muchos, pero sí más que ahora. Todos ellos con los problemas promedio del adolescente promedio de la clase media de México. Cada uno de mis amigos tenía un interés en particular, pero se unían todos ellos en un único punto, que era el deseo e interés por tener pareja. La mayoría de ellos eran personas medianamente extrovertidas, capaces de hablarle a la persona que les gustaba e invitarla a salir. De entre todos ellos destacábamos dos solamente, yo y uno de mis mejores amigos, incluso a la fecha. El y yo no teníamos el valor de hablarle a nadie que nos despertara el más mínimo interés o deseo, y mucho menos si era del sexo opuesto. Vivíamos frustrados y enojados por el hecho de que no teníamos una pareja, y que comparados con los demás nos veíamos tan solitarios e inexpertos en esas cuestiones del amor. Adoptamos la idea de que estaríamos solos, a pesar de que no lo deseábamos; buscábamos consuelo en los animes más románticos que pudiésemos encontrar, y fantaseábamos con situaciones como las que se presentaban en esas series, sin embargo, eso hacía más evidente nuestra falta de compañía y deseo de tenerla. 

Con el paso del tiempo fui dejando atrás esos pensamientos, pero no debido a que hubiese conseguido pareja, sino a que me había resignado a la soledad. Me imaginaba dentro de 10, 15 o 20 años estando solo, con una vida de clase media y con lujos relativamente buenos según mis gustos. La resignación fue mi compañera por no mucho tiempo, de nuevo se me presentó la oportunidad de estar acompañado, y esta vez por la persona que tanto me gustaba en la preparatoria, cuando más deseaba estar con alguien, así que no desaproveché la oportunidad. En ese momento, cuando pensaba que no necesitaba de nadie más, me di cuenta de que me seguía sintiendo tan solo como 9 años atrás.

Esta última semana he tenido una pregunta en mente, y es: ¿Cuánto ha cambiado mi vida? La respuesta es: nada. Al día de hoy sigo siendo alguien inmaduro, solitario, triste, frustrado, soñador, inconforme, desesperado por amor y atención, y sobre todo, inseguro. Justo como era hace 9 años, y claro, la situación es diferente. Ahora tengo que trabajar, y sí, también tengo una familia por loa cual ver. Imaginen cómo me siento con ambas responsabilidades si aún me sigo sintiendo como un adolescente. 

En fin, para no hacer el cuento más largo. Los años han pasado, y creí haber cambiado. Fui un tonto al creer que el tiempo solo me ayudaría a ser alguien distinto, porque al día de hoy sigo siendo como hace 9 años. El pasar del tiempo lo veo en los recuerdos que tengo, los años, en mi cara y mi cuerpo, pero cuando de nuevo intento tomarlo se escapa, y me quedo tan inseguro como cuando comencé la adolescencia, y ahora, siendo un adulto, cómo se supone que debo vivir.

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